domingo, 15 de diciembre de 2013

Reparando el Concepto de Democracia. Parte II -Huyendo hacia la frontera-

REPARANDO EL CONCEPTO DE DEMOCRACIA

Parte II                   -HUYENDO HACIA LA FRONTERA-

Al principio, la idea de que volvieran los pastores al día siguiente me atenazaba el estómago y me nublaba la mente, pero no tenía tiempo que perder. En cuanto me puse a trabajar, me sentí mejor. 
A pesar de que los desperfectos visibles desde fuera eran espectaculares y le daban al Concepto de Democracia un aspecto de chatarra inservible, ninguno de ellos era concluyente para que no funcionase. Así que decidí echarle un vistazo al motor. 
Me costó levantar el capó; estaba deformado, asqueroso y pesaba mucho más de la cuenta, debido a la gran cantidad de palomino que tenía acumulado; seguramente de los miles de palomas mensajeras utilizadas para traer sobres llenos de dinero negro hasta los despachos de políticos.
¡Uff! El motor estaba cubierto de polvo negro, mirándolo de cerca comprobé que se trataba de cenizas de papel, montones de documentos quemados que obstruían los tubos de entrada de aire nuevo, tan necesario para la correcta consecución de la Igualdad Social. Se trataba de documentos secretos comprometedores, lo supe porque aún quedaban algunos retazos a medio quemar donde se podía leer: “Sr. X ..toriza ……..vención GAL.” “….scala aero..erto Palm… …ntanamo” “.. implicados cr….....sser” “...moria histórica”
Cogí el aspirador y limpié a fondo el motor que, después de todo, no tenía tan mala pinta. Comprobé La batería  (el Fondo de Reserva), estaba al mínimo así que, le hice un puente al contador de la luz y la puse a recargar. Al fin y al cabo los bancos son los propietarios de las eléctricas y ellos se llevaron buenos bocados del Fondo de Reserva para sufragar sus deudas. Quien roba a un ladrón….
Una vez cargada la batería, le di de nuevo al contacto; el motor ni giró. 
<<--¿Qué hago ahora yo? –me pregunté, desesperado.>>
Tal vez no tenía combustible (el sector primario). En un país sin materias primas, por mucho que se quiera mantener en marcha la Igualdad Social, resulta imposible, enseguida aparecen los desequilibrios que acaban por detener la Democracia. Afortunadamente no era ese el problema, tal como me dijera el joven “progre” y rockero, el depósito de combustible de nuestra Democracia, una mezcla de agua, carbón, aceite de oliva, vino, leche, aceite de girasol, proteína de vaca y cordero, grasa de cerdo y harina de trigo sometido todo a la acción de la energía solar, estaba ligeramente por encima de la reserva; suficiente para llegar “a ralenti” hasta la próxima gasolinera (nuevo modelo productivo).
<<--Quizá sea la cadena de la distribución –pensé.>>
Pero no, paradójicamente ésta estaba nueva: una red de carreteras, autovías, autopistas, aeropuertos, puertos, etc… Garantizaban una perfecta distribución de los recursos y de la energía.
<<--¿Serán las bujías? –me pregunté.>>
En absoluto, el sistema eléctrico, a pesar de cierta caída de tensión (déficit tarifario), estaba renovado y funcionaba perfectamente, bien es cierto que, para mantener alta la tensión eléctrica en los sistemas “esenciales”, alguien había desconectado a algunos elementos periféricos supuestamente prescindibles (inmigrantes sin papeles, parados de larga duración, desahuciados y sin techo) como las luces traseras y la calefacción de la luna trasera, donde no llegaba la electricidad; pero en cuanto arranque el motor de la Igualdad Social, restableciendo las conexiones necesarias, la tensión se recuperará y el suministro eléctrico llegará a todos por igual.
Sólo me quedaba por comprobar el carburador, en él se lleva a cabo la mezcla del combustible con el aire puro.
Desmonté el carburador y, ¡Oh sorpresa! Alguien había metido dentro un montón de papeles con extraños símbolos religiosos que obstruían el paso del aire.
<<--¿Cómo iba a funcionar con toda esta porquería dentro? –pensé.>>
Volví a intentar arrancar, pero nada, ni se movió.
Tenía pinta de ser el motor de arranque (los Políticos). Lo desmonté y encontré que también estaba hecho una mierda. Todo lleno de “grasa” (dinero negro) y “polvo” de escobillas (marihuana, crak y cocaína) hasta un condón usado enroscado en el rotor. ¡Qué asco! Pensé en limpiarlo, pero desistí, aquello ya no admitía limpieza, era hora de una renovación integral. Fui al almacén buscando un motor nuevo, tenía varios, pero todos: made in germany, made in USA, made in China ¡horror! made in Italy.
Nada fabricado aquí, aunque, después de lo visto, casi mejor. Pero no podía poner un motor de arranque extranjero, aunque alguno de ellos fuera bueno, mi conciencia me lo impedía. Entonces, se me ocurrió algo genial.
Eran las siete de la mañana, estaba amaneciendo y los propietarios del Concepto no venían. Mis queridos vecinos, preparados para ir a trabajar o a buscar trabajo, ya se oían trastear en los pisos sobre el taller, entonces, les llamé y les pedí a ellos que me ayudaran a empujar.
Dos parados, un barrendero, un profesor de instituto, una enfermera, un camarero y yo, empujamos como posesos el pesado Concepto de Democracia por nuestra calle, cuesta arriba, pues hacia la parte baja ya se oía la “esquilada” del rebaño afeitado que, fiel a su promesa, venía a comprobar mi trabajo. 
Con la caja de cambios (moneda exterior) en segunda, empujamos con todas nuestras fuerzas. El vehículo, grande como una furgoneta pesaba muchísimo, y la cuesta parecía no acabar nunca. Los perros pastores al vernos, se dirigieron hacia nosotros gritando como fieras, si nos alcanzaban sería nuestra perdición y la de nuestra querida Democracia. Al fin, el escape petardeó un par de veces, salieron varias nubes de humo negro, una blanca enorme y, de pronto, arrancó.
De un salto me metí dentro, me puse al mando de nuestro querido Concepto de Democracia y pisé a fondo el acelerador.
De pronto caí en la cuenta de la situación en la que dejaba a mis queridos convecinos, así que, dí un frenazo, rascando la caja de cambios, puse marcha atrás y volví a buscarlos.
--Vamos entrad, ¡deprisa! ¡Si os cogen os devorarán! –les grité.>>
Sin dudarlo, se metieron todos de un brinco en la furgoneta, justo a tiempo de esquivar los mordiscos de los perros y las piedras lanzadas con onda por los pastores.
Con un motor sin arranque, ni luces traseras, el depósito en reserva y sin carnet para conducir Conceptos tan pesados como la Democracia, huimos a toda velocidad en busca de un lugar donde repostar, conseguir un motor de arranque nuevo y un Gobierno con carnet legítimo que condujese la Democracia. Instintivamente me dirigí al norte, hacia la frontera.
Continuará…

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